A setas o a Rolex

Virxe do Porto, Valdoviño, MeirásPara mí, fotografiar es un acto necesariamente egoísta, que me obliga a excluir de él a cuantos me rodean. Me refiero a fotografiar obra personal, sin los dictados de un cliente y sus necesidades muy concretas. Tal y como yo concibo mi trabajo personal, éste consiste en mirar tanto hacia fuera como hacia dentro de mí mismo, en porcentajes que aún no tengo definidos.

La cuestión es que mirar hacia dentro de mí mismo, o para ser exactos, ver el mundo exterior desde el filtro de mi propio interior, me requiere un ejercicio de reflexión e introspección que me resulta imposible si no es en soledad. Yo lo llamo estar en la zona, cuando la mente se vacía de todo pensamiento ajeno y se centra exclusivamente en percibir con una intensidad inusual, no sólo en lo visual sino con cada sentido: olores, pequeños sonidos, ligeras variaciones de temperatura. Es en ese estado de concentración casi zen donde invariablemente he creado las imágenes que más cercanas siento a mí. Las quedadas fotográficas son para mí, por tanto, un imposible, y la fotografía introspectiva durante unas vacaciones en compañía, algo en extremo difícil. Porque en mi caso, o estamos a setas, o estamos a Rolex, como en el chiste*.

Percatarme de esto ha sido curiosamente liberador, puesto que ya no siento las frustraciones que antes me acompañaban continuamente, por ejemplo, al viajar con mi pareja o con mi familia. Me frustraba estar en algún lugar espectacular o significativo para mí y volverme sin Foto, con mayúscula, y perdía un tiempo precioso buscándola en vano sin realmente disfrutar el momento. Hoy en día, aceptando que no es el momento de buscar la zona, me relajo fotografiando sin stress el lugar, la vivencia y las correrías de mis hijos, creando recuerdos que no puedo buscar en soledad pero que probablemente serán, en el futuro, mis fotos más preciadas. No estaremos a setas, pero sí a Rolex.

Arriba, capilla da Virxe do Porto, en Valdoviño. Como excepción, fotografiada mientras mi esposa e hijos esperaban en el coche, y en mi lista de lugares a donde volver… en la zona.

 

 

*Dos vascos van a buscar setas. Al poco de caminar por el bosque, uno le grita al otro: “¡Patxi, Patxi, que me he encontrado un Rolex!”. Su compañero le ignora.
Al rato, se encuentra otro y le vuelve a gritar:  “¡Patxi, Patxi, otro Rolex he encontrado, tú!”. Su compañero le ignora de nuevo.
Unos minutos más tarde, de nuevo grita:“¡Ostitú, Patxi, que ya van tres Rolex!”
Patxi, visiblemente contrariado, le reprende en tono severo: “A ver, Joseba, ¿estamos a setas o estamos a Rolex?”